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Esta no es una historia de hadas, ni de caminos de rosas, ni de hombres que sueñan con salvar al mundo. Es la historia de un joven de 24 años, que ayudado por su padre, compró un fondo de comercio y puso un alquiler de vajilla porque en esa época había pocos.

Corría el año 1983 y empezaba el viaje. Un viaje de momentos lindos, de momentos duros, pero un viaje al fin. Un viaje que ya lleva casi 40 años.
Lo que empezó como una apuesta, poco a poco se fue transformando en el sostén de una familia.

En este largo recorrido, en Casa Ronco aprendimos la importancia de estar al servicio de la gente. Nos abrieron sus casas para vestir sus mesas, nos
pidieron consejos para organizar las mejores fiestas… nos dejaron ayudarlos a crear esos momentos perfectos que se atesoran para toda la vida.

Si bien hoy ese joven ya no está más entre nosotros, nos enorgullecemos de seguir con su legado. En definitiva, el amor con el que hacemos nuestro
trabajo trasciende el paso del tiempo.